martes, 19 de agosto de 2008

despues de la tempestad..


Pues nada, como siempre ocurre después de la tempestad llega la calma.. en mi último escrito estaba que echaba chispas pero ya todo aquello pasó.Tengo que alegar, en mi defensa que me encontraba de lleno en el síndrome pre-menstual, cosa que hace que inevitablemente tenga alguna bronca ( o más) con gente que en aquel momento pasaba por allí y que viendo mis arrebatos debe pensar, no sin motivos, que estoy como una puta cabra y que habría que encerrarme cuanto antes.Lo siento, y por más que trato de controlarme cuando reconozco los síntomas no puedo evitar estallar a la más mínima provocación (o no..).Una vez leí, y me pareció extraordinario, que en caso de que una mujer cometa un asesinato, si se encuentra en ese momento en pleno síndrome pre-menstrual, en el juicio esa causa puede considerarse como atenuante puesto que es tal la revolución que experimenta el cuerpo de la mujer en esos días que las reacciones pueden ser cuando menos impredecibles y desproporcionadas.

Por otra parte, hoy es el cumpleaños de mi maridito; cumple 42, no lo lleva demasiado bien, aparentemente, pero yo no me canso de decirle que está estupendo y muchísimo mejor ahora que cuando lo conocí hace ya 14 años.Ha mejorado mucho en todos los aspectos; físicamente está mucho mejor pero aun valoro más su cambio de actitud ya que aunque sigue teniendo un carácter a veces más propio de un ermitaño, no se si habré tenido yo algo que ver, pero se le nota que se ha ido adaptando socialmente estos últimos años y ya se preocupa un poco más por corresponder con afecto a las personas del entorno que realmente lo merecen.
Lo quiero, pero además lo admiro, y me siento orgullosa de ello porque creo que en la pareja siempre tiene que existir esa fascinación hacía el otro.Por otra parte, no creo que nadie más fuera capaz de soportarme durante tantos años con este odioso carácter con que me ha dotado no sé si Dios o la genética ( o ambos); así que sólo por eso,
Va por tí PABLO, felicidades y que cumplas muchísimos más, eso sí, siempre a mi lado: ¡Te quiero!

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