
Ayer sábado noche 21 de junio, día de mi undécimo aniversario de boda a la postre, fue cuando me incorporé a mi puesto de trabajo en la Expo en turno medio nocturno, de 19.30 a 01.30 horas.
Había ido al recinto por la mañana porque tenía que firmar un cambio de turno y me quedé alucinada por la cantidad de personal que pululaba por allí... hoy he leído en la prensa que fueron 72.000. Calor, muchísimo calor como hacía tiempo que no recordaba; menos mal que Nadia se lo pasó en grande refrescándose en los surtidores instalados para tal fin.
Por la noche, la cosa empezó bastante bien, pero la gente es súper impaciente; de sobra saben que el pase nocturno es válido a partir de las 8 de la tarde, pero desde las 7 o antes ya había gente por allí intentando entrar.Que morro le echan, intentando colarse... A las 8 aquello fue como el encierro de los sanfermines: abrieron las barreras y la gente se abalanzó sobre nosotros intentando llegar a tiempo a visitar alguno de los pabellones que cierran sus puertas teóricamente a las 10 pero algunos inexplicablemente lo hacen antes.
Con tanto jaleo el rato se pasó bastante rápido y bien. Luego a la hora de salir, más de lo mismo, manadas de búfalos dirigiéndose al exterior.
Odio ser así, pero me afecta más una crítica que cien alabanzas...y en general, la gente salía con cara cansada pero con una sonrisa y agradeciéndole que le dieras las buenas noches. Pero también estaban los que salían despotricando, los que decían que vaya mierda, los que no pensaban volver nunca más a Zaragoza... y yo me pregunto : ¿ y a mí que me importa?? ¿acaso soy la comisaria de la Expo o algo parecido? ¿Será que soy la responsable de que la gente se queje de algo que no le ha gustado o no ha disfrutado como pretendía????
Joer, a estas alturas aun tengo que mentalizarme que esto es sólo un puto trabajo y yo soy solo una pringada cuya labor es la de facilitar el acceso al interior lo más rápida y amablemente posible a los visitante.

